No era muy extraño que estas cosas pasaran en mi pueblo, acostumbrado a historias fantásticas de hechizos, brujas y muchas cosas más, era normal para nosotros como jóvenes escuchar a los abuelos hablar de aquella mujer que nunca hablaba con nadie, nunca salía de su casa a las afueras del pueblo, aquella que asesino a su esposo y tenia en esa casona antigua escondido uno de los mayores secretos que nadie se había atrevido a remover en muchos años en el pueblo.

Y la historia comienza así…

Sinceramente no me acuerdo en que año me había dicho mi abuelo, pero lo que si tengo claro es que Ángela Pérez, era una de las mujeres mas lindas del pueblo, estaba casada con uno de los ganaderos mas influyentes de la región, el cual no le prestaba mucha atención a ella, vivía en parrandas y con mujeres, se le conocía por su fama de mujeriego, ella, una persona decente, muy estudiada, nunca se supo porque se caso con este hombre, lo único que se supo fue el día que lo asesino, de la manera más sutil en que han podido asesinar a alguien, haciendo el amor, esa fue su ultima vez.

Ángela nunca fue culpada por nadie, nunca fue sacada de su casa, nadie dijo nada, aquel hombre solo murió y nadie, a pesar de su influencia lo considero necesario, años después, ya había nacido yo por supuesto, en la casona donde habitaba Ángela empezaron a decir que habían fantasmas.

La gente empezó a evitar ese camino a como diera lugar, mas raro que todo lo que había pasado en el pueblo, carro que pasara por ese camino, carro que se dañaba, carro que no tenia arreglo, ni en la capital podían hacer nada, a muchos los declararon perdida total.

Lo que si recuerdo claramente es el detalle que nos hizo el abuelo de la casa, pero a decir verdad me pareció mas bonita cuando la vi en persona, después de tantos años, no se veía destruida, mas bien parecía la casa del alcalde, nunca tuvo un aspecto tenebroso, pero lo que guardaba en su interior, nadie sabia lo que era, nadie había sido capaz de entrar a esa casa, ninguno de los mas valientes del pueblo, ninguno de los brujos, hasta el cura se limitaba a decir que evitáramos el tema de la casa de Ángela Pérez.

Yo estaba de vacaciones en el pueblo, estudiaba derecho en la capital, era el hijo del médico del pueblo y tenia que estudiar para seguir con la tradición que había dejado mi padre, trabajar por su pueblo.

En esas fechas no se que le sucedía a mi gente, pues en época de elecciones se hablaba de la bruja que aparecía en el río, exactamente detrás de la casa de Ángela Pérez, mas que de los propios candidatos, a decir verdad decían que era bruja porque nadie hace mucho tiempo se bañaba en el río en la madrugada y en ropas blancas, yo nunca la había visto, pero mis amigos de infancia que también estaban de vacaciones solían comentar.

Francamente yo no tenía idea que en esas vacaciones mi vida iba a cambiar, en mi pueblo había muchas historias que contar, como la del niño que nunca cerró sus ojos, pero esta verdaderamente, ya me empezaba a intrigar.

Los días pasaban y como en los viejos tiempos salí con mis amigos a el estadero del papá de José, quien era el dueño de los graneros de la región, esa noche entre muchas cervezas y vallenatos decidimos ir a la parte de atrás de la casa de Ángela, queríamos ver si encontrábamos esa bruja que encantaba a el pueblo con sus apariciones.

Fuimos dos semanas de seguido, todos los días, era como si supiera que allí estaríamos, bruja al fin dijo Marquitos, nunca se dejará coger de nosotros esa hijuemadre…

A decir verdad no se me salio la idea de la cabeza, así que un día como cualquier otro me arme de valor y decidí salir a ver que era lo que pasaba en mi pueblo.

Era sábado, mis amigos estaban en una fiesta en una población cercana y me hice el enfermo para que no me llevaran a la fuerza, la noche brillaba con su esplendor, nunca había visto una noche tan linda en mi pueblo, en toda mi vida, aun cuando jugábamos hasta muy tarde cuando éramos niños.

Había toque de queda, por eso la fiesta no fue en el pueblo, habían elecciones, el pueblo estaba solo, era la 1.30 de la mañana, salí por el balcón de mi cuarto cuidando de no hacer ruido, atravesé la plaza que estaba sola y muy brillante, hermosamente brillante gracias a esa luna que hacia.

Muy rápido camine hacia las afueras del pueblo cuidando que no hubiere ningún policía o soldado, para ser sincero si me dio miedo cuando llegue al frente de la casa de Ángela Pérez, de inmediato me volé la cerca y me fui caminando por el senderito de monte hasta la parte de atrás por donde pasaba el río.

Mi corazón latía a mil por hora, era imposible ver lo que estaba viendo, era una mujer, muy joven, envuelta en una manta blanca, bañándose a esa hora en el río, pero lo que si no deje pasar por alto fue esa belleza, era indescriptible, como si fuera lo que estuviera haciendo que la luna brillara tanto esa madrugada.

Era hermosa, le comente a mis amigos que se burlaron de mi, pues en mi “enfermedad”, pensaron que había estado delirando, y que solo les estaba “mamando gallo”, pues sin importarme mucho lo que ellos pensaran, decidí ir a ver aquella mujer divina cada noche.

Ese viernes, llegue a la 1.30am como siempre lo hacia, pero mi sorpresa fue cuando no la vi en el río, al darme vuelta casi grito cuando vi sus ojitos sobre mi cara, y de un modo muy amable, me pregunto,- ¿acaso eres tu el que me ha estado espiando todas estas noches?

No supe que responder, creo que se dio por respondida cuando notó lo rojo que me puse, era ella, sencillamente linda, la mujer de mis sueños, la mujer de mi vida, la mujer que no parecía una bruja, y que había hecho que mi pueblo hablara mas de lo normal.

De una manera muy amable, me invito a entrar a la vieja casa, tartamudee, mientras lo pensé, de nuevo me coloque rojo cuando en mi cara se echo a reír con ese desparpajo de la gente de mi pueblo pero de la forma mas cariñosa que alguien lo podía hacer, ¿tienes miedo?-me preguntó-, acá no vive ninguna bruja, acá no vive ningún espíritu, me dijo antes que pudiera responderle algo para no sentirme avergonzado.

Me contó toda esa madrugada, que ella era la hija de la hija de Ángela Pérez, que había estado en esa casa sus 21 hermosos años, que su mamá la había educado en lo necesario, que comían de la huerto que había en la parte de atrás de su casa, me contó todas sus historias y porque nadie sabia en el pueblo que allí aun vivía gente, la verdad, lo dude en un minuto, pero después de todas las cosas que pasaban en mi pueblo, sencillamente era muy fácil creerlo.

Volví a mi casa antes que la gente saliera a cumplir sus labores, no sin antes prometerle que volvería a visitarla.

Después de esas vacaciones en mi pueblo nunca más se volvió a hablar de espantos ni brujas, nunca mas se supo de la mujer de blanco, solo del loco de Martín Armas,el hijo del médico del pueblo que se fue lejos con ella y jamás volvió con Ángela, como se los dije a un principio, mi vida cambio por completo en esas vacaciones, como no? si me enamoré de la “bruja” que mantenía a mi pueblo despierto.